Sobre la violencia

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No quiero ser pesimista, prefiero pensar que en algún momento se terminará la violencia; aunque criminales siempre existirán, y el gobierno seguirá buscando cómplices para justificar su accionar violento. El claro ejemplo de esto lo tenemos al norte, en nuestro país vecino. Pero también está en nuestras calles.

Un rasgo característico de la violencia que nos rodea en el México actual es no tener límites. La lógica de la violencia es por supuesto la de violentar el espacio físico, las mentes y los corazones de los oponentes. Y no suficiente con eso, invoca al terror e instaura una cultura de la violencia y el temor en todos los órdenes de la sociedad.

La violencia tiene la obsesión persistente de llevar la destrucción al otro. Así, la guerra realiza esa pretensión imponiendo una uniformización de la violencia, que tiene la paradójica misión de combatir al mal, es decir, a la otra violencia.

Esta guerra no se basa ya en el combatir, sino en el violentar.

La violencia es una enfermedad que se propaga a un ritmo vertiginoso, porque seguimos creyendo que violentar es la solución. Pero así como existe un mal también hay un antídoto. ¿Dónde encontrarlo?

Me queda claro que no puede venir de atacar la violencia con mayor violencia. Lo que más asusta es el perfil humano de la destrucción. Eso me recuerda a Hannah Arendt, hablando sobre la banalidad de la muerte.

Estamos viviendo una descomposición social que se expresa mediante la violencia, sea ésta fomentada por criminales, políticos, terroristas o ciudadanos. La consecuencia que produce es una violencia más encarnizada y, por consiguiente, la muerte de seres inocentes.

Sólo mediante la paz y la educación podemos combatir la violencia. Si no mal recuerdo, Gandhi llamó a esto: lucha por la no violencia.