Pensar la estupidez

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La mayoría de los hombres que ignoran la estupidez, en realidad afirman su propia estupidez. Esto es más o menos lo que dijo Robert Musil en su conferencia «Sobre la estupidez». Y también mencionó que en realidad, la necedad nos domina, esto demostrado por la forma en que el mundo se mueve. Realidad que puede ser etiquetada como la estupidez del poder.

Entonces, ¿cómo podemos definir la estupidez? Es un hecho que sin duda no se alcanza a la primera explicación, no obstante el mismo Musil resumió que la estupidez es el «vergonzoso dominio que la necedad tiene sobre nosotros». Cuando uno descubre que el egoísmo, la megalomanía y la perversidad intencionada no son los principios de las malas decisiones, sino la pura estupidez, se ha dado un gran paso.

En este sentido creo que todos conocemos el tema de la estupidez. Es obvio que no a profundidad. Pues un hecho es que hay una escasez de autores dedicados a esta cuestión. Sin embargo, es un tema tan vasto como cualquier otro, pero abrumadoramente evitado. Y es que intentar comprender la estupidez puede causarnos un problema, puesto que todos somos estúpidos, pero no lo reconocemos.

Hay quien piensa que la estupidez impera por azar evolutivo. En consecuencia, la necedad está en constante evolución. Y es verdad que una especie como la nuestra debe aspirar a comprender los hechos que parecen confirmar esa suposición. Pero cualquier reflexión nos conduce a pensar, invariablemente, que la estupidez, al combinarse con otros factores, puede ser devastadora. Sólo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, dijo Einstein, con quien comparto más de un punto de vista. Avita Ronell, profesora de filosofía, decía que definir la estupidez es tarea difícil si apenas se le comprende. Porque sabía que la estupidez se relaciona con los fallos de la conducta humana. La necedad es en verdad un grave problema. Cada vez que uno actúa con necedad, sin darse cuenta, tiene escrita ya una palabra en la frente. Por eso mismo creo que el título se otorga a quien lo merece.

La historia da cuenta de las estupideces más grandes que ha cometido el ser humano. Dice James Welles que la disciplina de la historia colecciona fallos y errores, una celebración del poder infinito de la estupidez. Esa disertación me lleva a pensar, sin más explicaciones, en mi personal historia de vida. Mi necedad me convierte automáticamente en un estúpido. Pero esa actitud de necedad también la tendrán que hacer suya los que se rigen únicamente por las emociones; aunque a nuestro favor queda pensar que no todo se puede resolver mediante una aparente lógica. Pero “¿por qué seguir hablando de los mortales?”. Se cuestionaba Erasmo de Rotterdam en su célebre Elogio de la estupidez*. A lo que el mismo Rotterdam contesta: “a la estupidez se entregan sobre todo los dioses”.


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* Stultitia Laus; Loa de la estulticia, como diría el latín franco; o Morias Enkomion, Encomio de la tontería, como agrega el griego.

- Ismael Lares
Texto escrito para Bajo Palabra, noviembre de 2011