La palabra como defensa

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Palabra es revelación. Aparece y emerge en sí misma. Pretende revelarnos el pensamiento. Sabemos que el lenguaje no puede reducirse a la simple comunicación, que la totalidad del individuo se compromete con su palabra y se constituye a través de ella. Es por eso que la palabra es medio creador. A través de ella, el hombre crea el lenguaje. No por nada Octavio Paz decía que la fuerza creadora de la palabra reside en el hombre que la pronuncia. Así, cada palabra esconde una carga humana. Es una conexión entre individuo y exterior; es reunión entre creador y creación, pero también es participación. El hombre crea y recrea la palabra de manera cíclica. La palabra es parte original del hombre, la comunión entre ambos engendra una relación con lo externo. El hombre se revela a sí mismo, abre las puertas del saber mediante la palabra. El lenguaje está hecho de palabras. El hombre busca su lenguaje a través de ellas. La palabra es inseparable de nuestro ser; es una totalidad viviente. Las palabras del individuo son las de toda la comunidad.
Coleridge se refería a la poesía como un impulso íntimo, pero este instinto no es exclusivo del poeta, cualquier individuo puede aspirar al impulso que le otorga la palabra como herramienta prodigiosa o cualidad hostil. El hombre manipulará las palabras, ya sea con delicia o con ira, porque lenguaje es simultaneidad. Entonces la palabra puede ser ataque, pero también defensa. La palabra como medio defensivo enfrenta a la otredad. Es poder, puede ser salvadora o destructora. Todo lo puede. Es un arma de doble filo. La palabra provoca, sea cielo, purgatorio o infierno. Tiene la capacidad de transformar y ser transformada. Ir más allá, desafiar lo prohibido, lo posible y lo imposible.
No sé hasta qué punto tiene validez lo que el individuo puede decir de su propia palabra. Como portador de ella, el individuo debe, al menos, difundirla. De ahí que la palabra sea instrumento, y el hombre el instrumentista que ajusta y afina los varios matices del instrumento. Ser portavoz de la palabra es una de las tantas condiciones del hombre.
Todo hombre tiene el deber de defender la palabra y defenderse mediante ella. La defensa del hombre por medio de la palabra constituye un impulso formal del individuo al exterior, es decir, del individuo a la lengua; asi también la palabra impulsa los estímulos sensoriales del exterior al interior, es decir, de la lengua al individuo. Así, el hombre, al pronunciar la palabra, debe encontrar el equilibrio entre ambas funciones.
La palabra no le tiene miedo a nada, sólo al silencio. Y esta palabra que no teme defiende la libertad. Expresión como libertad. Libertad como expresión. La palabra continúa su curso, dibujando una línea de claridad ante la noche inexpresable. El individuo tiene la capacidad para decir lo que quiera, vaya a donde vaya. La palabra es una arma y el hombre en su lucha de expresión, tiene derecho a combatir mediante un lenguaje vivo, que cumple su misión pura, no siendo ésta la demagogia, sino la de llevar a los demás la palabra, a mí, a ti, a ellos, porque hablamos de la palabra y ella habla por nosotros, pero por otro lado, la palabra puede condenar. Así, la palabra es perpetua posibilidad de salvación o condena. Pero si la palabra condena, es a través del hombre. Entonces no todo hombre es digno de poseer la palabra, mucho menos aquella que defiende y salva.


- Ismael Lares
La Voz de Durango, 30 de agosto de 2011