Buscando libros para releer, me encontré en esta semana con un poemario de calidad inmejorable del poeta sonorense Abigael Bohórquez (Caborca, Son., 1936 - Hermosillo 1995). A mi parecer, Navegación en Yoremito es una de las más grandes joyas de la poesía mexicana. Ya va siendo hora de que en Durango le hagamos un homenaje al primer gran poeta que da el norte de México, en palabras del maestro Pellicer; por eso me he dado a la tarea de copiar y transcribir uno de los más célebres poemas del mencionado libro, no sin antes citar también un par de versos sobre este gran poeta, dramaturgo y promotor cultural, tal y como lo elogiara uno de los protagonistas del grupo los Contemporáneos, Carlos Pellicer:
AL POETA ABIGAEL BOHÓRQUEZ
Joven, toma de ti la poesía
y jura -en vano- que el amor no existe.
Lo que amorosamente no dijiste
alimenta a los pájaros del día.
[...]
Tú ya empiezas a ser para el abismo.
Líbralo como el viento que ladea
con su anchura delgada su espejismo.
[...]
Paso ahora a transcribir el poema, especie arcaizante que admite el ludismo lingüístico, del que siempre fue promotor Bohórquez. Su concepción poética refleja a un poeta profundamente arraigado a la tradición idiomática, como bien dijera Manríquez Durán. Los neologismos, pochismos y disparates poéticos son recurrentes en la obra del poeta sonorense; sin embargo, es en este libro que hoy menciono, donde Bohórquez se revela como un finísimo malabarista de la palabra que aporta ritmos y formas que enriquecen la tradición de la poesía en lengua castellana. El título del poema, barroco por su extensión y forma, no puede ser más emotivo y desgarrado: Parte do no se muere sino que se vive la cruda suerte de matar. Los versos van tiñendo con intimidad eso que se nombra el otro amor, donde el desconsuelo toma un ritmo particular. Puede ser un poema complejo, pero a la vez, si es permitido el oxímoron, sencillo. Sólo me resta invitarlos a leer este maravilloso libro, en el que no hay límites para el poeta ni para la poesía:
PARTE DO NO SE MUERE SINO QUE SE VIVE LA CRUDA SUERTE DE MATAR
Oy'ese, clarosojos,
mano aferrada a mi cadera exigüa:
esta piel que tú eres,
liturgia humedecida a fuer de pídemele,
luz de mi tacto loco,
de mis ojos eléctricos,
es la mi piel peguedesumbra tuya,
hecha este rito de saliva y queja
donde tu peso y tu tenencia empujan
crótalos que hablan sí,
zaeta en carne acarne,
bálano tremolávido
que entrando se derrite,
reventazón que sale donde nos hay salida,
que duele peor, trenzados ejercicios
cuando conducto, orgasmo, lactelumbra,
viaje de espermas y niños desahuciados
quedan amor, así, desconsolándose
cortado ya el oficio de su vida.
Oy'ese lince,
súbita lazada,
posesor deleitoso,
contado te he que agora sólo siento
sabroso y tierno llanto,
que me ha dejado tu ala numerosa
en el vuelo infecundo de este cuarto.
- Ismael Lares
La Voz de Durango, 11 de agosto de 2011
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