Confieso que ser pesimista me causa placer. Porque este hombre que aquí escribe sigue confiando en sí mismo y en la raza a la que pertenece. ¿Acaso no hay mayor pesimismo que creer en la raza humana? Es inútil convencerme de lo contrario, la esperanza sólo abandera la estupidez. Y es en la estupidez, en esa necedad constante, donde el hombre se reafirma sin cesar. Pero mi pesimismo no tendría ningún sentido sin el hombre, por eso mantengo la esperanza en él, porque sin su existencia el pesimismo, acaso el mío, no tendría justificación. Si el mundo fuera deshabitado por el humano las cosas serían maravillosas; afortunadamente hubo algo que se empeñó en mantener a la humanidad en esta tierra. Eso me recuerda a Rotterdam. El filósofo decía que la estupidez, principalmente, se da en los dioses. Y es verdad. Mantener la fe en la humanidad, creer que alcanzaremos la madurez colectiva es la peor estupidez que se pueda pensar.
Creer en la humanidad equivale a estar privado de sensatez. Es así como la tolerancia ha sido uno de los principales factores que han mantenido a esta raza baldía a flote. Sin tolerancia todo sería distinto. Los tolerantes siguen creyendo, casi con escepticismo, que llegará el momento cumbre de lucidez. Algo colectivo. Pero, ¿no es la esperanza una utopía, mientras este involucrada la humanidad? Mantener un deseo de cambio es un signo de carestía. Por eso el deseo implica ausencia. Para Cioran, no hay nada más incomprensible que el deseo; lo que reafirma la permanencia en la necedad, en la falsedad. Así, pensar en progreso, mantener la esperanza en la humanidad, en su transformación colectiva hacia la prosperidad, nos convierte en alguien. Justifica nuestro ser. Y la peor invención es aquella que inventa la historia, supuesta prosperidad.
La superstición que el progreso de la humanidad implica es la de que haya un principio de orden divino, que da un sentido de vida. Algo bastante artificioso. Allí es donde varias escuelas filosóficas han destacado la inanidad del ser, es decir, su insustancialidad. Es así como el creyente convierte su fe en un vital afán de dar sentido a su vida. Las creencias deben ser revitalizadas constantemente. Necesitan tener, como objetivo primordial, la perseverancia, la fe.
Así creo que uno debería ser pesimista en la medida que mantenga su fe, su esperanza en el otro; que tal es mi actitud, mi posición. Así como creo que nunca se debe tener demasiada confianza ni habría que ser muy inseguros. Creo también, que en el optimismo, está implícito en cierto modo, el pesimismo del que había comenzado a hablar. Y finalizo puntualizando: el que mantenga su esperanza en los demás, en el otro, que no se impaciente, pronto llegará la lucidez, el pesimismo.
Creer en la humanidad equivale a estar privado de sensatez. Es así como la tolerancia ha sido uno de los principales factores que han mantenido a esta raza baldía a flote. Sin tolerancia todo sería distinto. Los tolerantes siguen creyendo, casi con escepticismo, que llegará el momento cumbre de lucidez. Algo colectivo. Pero, ¿no es la esperanza una utopía, mientras este involucrada la humanidad? Mantener un deseo de cambio es un signo de carestía. Por eso el deseo implica ausencia. Para Cioran, no hay nada más incomprensible que el deseo; lo que reafirma la permanencia en la necedad, en la falsedad. Así, pensar en progreso, mantener la esperanza en la humanidad, en su transformación colectiva hacia la prosperidad, nos convierte en alguien. Justifica nuestro ser. Y la peor invención es aquella que inventa la historia, supuesta prosperidad.
La superstición que el progreso de la humanidad implica es la de que haya un principio de orden divino, que da un sentido de vida. Algo bastante artificioso. Allí es donde varias escuelas filosóficas han destacado la inanidad del ser, es decir, su insustancialidad. Es así como el creyente convierte su fe en un vital afán de dar sentido a su vida. Las creencias deben ser revitalizadas constantemente. Necesitan tener, como objetivo primordial, la perseverancia, la fe.
Así creo que uno debería ser pesimista en la medida que mantenga su fe, su esperanza en el otro; que tal es mi actitud, mi posición. Así como creo que nunca se debe tener demasiada confianza ni habría que ser muy inseguros. Creo también, que en el optimismo, está implícito en cierto modo, el pesimismo del que había comenzado a hablar. Y finalizo puntualizando: el que mantenga su esperanza en los demás, en el otro, que no se impaciente, pronto llegará la lucidez, el pesimismo.